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11 abr 2013

Cantando, que es Gerundio



Tengo una casa pasiega
(Con la música de "Tengo una vaca lechera")
 
 Tengo una casa pasiega
hecha de piedra y madera
con el tejado de lastras
y una campana que suena
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
En medio de verdes prados
con mis vaquitas pastando
me paseo con mi amado
contemplando el escenario
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
¡Qué felices que vivimos
lejos de atascos y ciscos
entre píos y mugidos
y sin contaminación!
 
Tengo cabaña pasiega
en San Roque de Riomiera
en lo alto de la montaña
lo más bonito de España
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Tenemos cinco gallinas
y nos hacemos tortillas
con los huevos que ellas ponen
tan ricos y tan grandones
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Aquí el agua sabe a agua
de la fuente donde mana
y baja cantando al valle
¡qué alegría! ¡qué ilusión!
 
Tengo una casa pasiega
con porche y con chimenea
y una coqueta solana
que reluce en la mañana
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Guapa por dentro y por fuera
con alfombra en la escalera
con calor de radiadores
en las cinco habitaciones
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Aunque no tiene piscina
nuestra casuca es divina
con sus flores, con sus vistas,
un paisaje de primor.
 
Tengo una casa pasiega
donde los “praos” se siegan
con un dalle que se pica
con orgullo y con pericia
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 

22 jun 2011

Imágenes y palabras para un día de niebla


Niebla que me abrumas siempre que te acercas, con tus mil misterios, con tus alas ciegas.
Niebla que regalas sueños y quimeras en abrazos tiernos de dama pasiega.
Niebla campesina, húmeda plegaria, fugaz pasajera.
Niebla caprichosa, tímida doncella, que disfrazas el paisaje de enigmas sin respuesta.
Niebla temerosa, temida enemiga, etérea compañera.
Niebla humilde y grande, que humillas al sol, que envuelves en magia callejos y sendas.
Niebla sigilosa, apareces y te esfumas sin rozarme apenas.
Niebla melancólica, riegas de esperanza los praos y acequias.
Niebla delicada, gemido del cielo, dulce plañidera.


Desafiante, recibes al estío vestida de armiño, sentadita a la puerta.
Novia del rocío, hermana de brumas, hija de tinieblas.
Sueño de las hadas, de duendes, de anjanas, de gnomos de leyenda.
Nacida en vapores, difusa te elevas y en callada calma te alejas serena.
Cómplice de dudas, amiga de amantes, reina fiel y fértil de la gran foresta.


Tu hechizo me atrapa, entorno los ojos y escucho tus quejas...
Quiebran tu silencio los cantos de grillos que entonan monótonos una cantilena.
¡Qué hermoso ese coro de píos, de trinos, de oscuros murmullos y susurros de aneas!
Invisible concierto de mugidos, relinchos, de cencerros anónimos, de balidos de aldea.
Las gallinas callan mientras que su gallo fino cacarea.
El arroyo fresco canta entre guijarros y el hacha acompaña tocando madera.
De pronto, un silbido humano rompe la armonía; silueta borrosa, pasos que se acercan...


Tejen las arañas sus sutiles telas que las tenues gotas adornan en perlas.
Acaricia las ramas una brisa húmida, besa mi rostro, refresca la tierra.
- ¿Qué te pasa, rosa?, ¿por qué bajas - dime - triste tu cabeza?
- No estoy triste, niña, mas el tiempo pesa y mi débil tallo ya no me sustenta.
Efímera rosa, dejas en tus pétalos memoria en aromas de eterna belleza.


Rica yerba verde, disipada en matices con grises de seda.
Las babosas se arrastran dejando su rastro de viscosa muestra.
Helechos orgullosos abren sus hojas cual lanzas sedientas.
Chirrían por el prado ejes de carretas; el ganado, al paso, borra antiguas huellas.
Tres alondras pasan volando ligeras.


Pica el hombre el dalle al ritmo que marca su celosa dueña.
Voces sin rostro atraviesan el aire, lejanas, difusas, inciertas.
La hiedra se esponja y crece trepando los troncos que enreda.
Se adivinan colores, reviven olores, las chovas tímidamente aletean.
Una mariposa dibuja en el aire una pirueta.


Lloran en el césped lágrimas las piedras.
Ocultas quedaron las cimas, las peñas.
Quietud, no agonía; paz que el alma llena.
Un claro me deja ver el humo blanco de una chimenea:
coquetas volutas que crecen y ascienden despacio, lentas, sí, muy lentas...
Adivino abajo el tejado viejo de una cabaña; una sombra roja sube la escalera.


Niebla, lenta te penetro, te palpo y tu hondo aliento con el mío se mezcla.
¿Cuál es el secreto que guardan mimosas tus vagas mareas?
Trepas por los riscos, danzas por el valle a orillas del Miera.
Hoy las raudas horas se detienen densas.
Entre sombras de luces veladas siento a Dios más cerca.


Parece que la vida, cansada, se rinde un momento, adormece y espera...