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11 ago 2014

Mientras paseo


-I-
Las vacas le han robado
el perfil a la montaña
y ahora son sus lomos
los que ocultan el sol
del atardecer.

-II-
¿Se mueve la nube?
¿Se mueve la luna?
¿Se mueve la Tierra?
Se mueven las tres,
pero la quietud
lo envuelve todo.
Debe ser que no se ponen de acuerdo.

-III-
Hay un parche luminoso
en el cielo ondulado
donde la luna yace
entre nubecillas de algodón.

-IV-
El sol vive de noche
en la faz de la luna
lo mismo que la madre dormida
en el rostro de su niña pequeña.

-V-
El amor no muere:
sólo cambia de piel.


14 dic 2012

A cámara lenta

A cámara lenta quiero revivir
los buenos momentos que me dio la vida.
A cámara lenta... a cámara lenta...
a ese ritmo blando de un tiempo sereno gozando la siesta. 

El primer aliento que precede a un beso,
tímida caricia que rozó mi pecho,
a cámara lenta...a cámara lenta,
sintiendo acercarse sus cálidos labios a mi boca trémula, 
despacio...despacio...,
a ritmo de tango en nubes etéreas.

Ese abrazo tierno que cambió mi mundo,
la mano confiada que en la mía tiembla
aquella mañana de brisa tan gélida,
la mano de un ángel, mi niña pequeña.
A cámara lenta...a cámara lenta...
como muere la encendida llama derritiendo la cera. 

El vuelo del pájaro surcando mi cielo en la primavera,
volando los sueños cual raudas cometas.
Saborear con calma aquel pan moreno,
crujiendo en mi boca su dura corteza,
la miga tan blanca mojada en la leche recién ordeñada, 
caliente de soles de otoño y pastadas vacas.
A cámara lenta... a cámara lenta...
como navegando en el humo espeso de una chimenea.

Empaparme bajo el manto fresco de nuestra cascada
oculta entre peñas, poco a poco mojando mi pelo
mientras él se ríe observando la blusa pegada a mi senos.
A cámara lenta...a cámara lenta...
como el vago adagio de una mala orquesta.

Tumbarme en la yerba bajo las estrellas contemplando
a Venus, en la noche más larga que guardo recuerdo
sintiendo el latir de su hombría muy cerca del cuerpo,
latente la luna, la pasión paciente guardando silencio. 
A cámara lenta...a cámara lenta
como desnudando los brazos inertes de una muñeca.

La voz de mi padre entona unos versos, sus dedos 
tocan las teclas amarillentas del piano ya viejo; 
mi madre susurra oraciones antiguas, monótonos rezos, 
me quedo dormida envuelta en dulces ensueños.
A cámara lenta...a cámara lenta...
¡Dios!, ¿por qué el tiempo no para cuando lo queremos? 

Una y otra vez escucho el coro de frailes en el monasterio
cantando la Salve a la Virgen, ¡místico misterio!, las notas del órgano
llegan hasta lo más alto del alto crucero, llenando la nave, 
sus voces parecen ecos perecederos, no quiero que cesen,
me llevan muy lejos, llegan tan adentro...
A cámara lenta, sí, y rebobinando, que ansío de nuevo
vivir dulcemente tan bellos momentos. 

¡Ah!, si pudiera ralentizarlos, pararlos para siempre,
descansar ingrávidamente en su eterno consuelo...


31 jul 2012

La elección



A una niña le dieron a elegir entre un hermoso diamante y una hermosa rosa...

Cogió el diamante y lo estuvo observando durante largo rato en la palma de su mano.
Le gustaban los reflejos que despedía bajo los rayos del sol.

No tiene colores porque es puro, un diamante perfecto - le dijo el gemólogo -
Y es el mineral más duro. Es casi impenetrable.

Su valor es tan grande que podrías conseguir todo lo que quisieras - le dijo el banquero.

La pequeña se quedó pensativa.
Se fue a la habitación donde su abuela dormitaba y le dijo al diamante:

- Haz que sonría mi yaya, que lleva muchos días enferma.

Acercó el diamante al corazón de su abuela y esperó, pero esta no se movió.

Me has engañado - le dijo al banquero - no me ha conseguido lo que quiero.

Luego se subió a un peñasco y dejó caer el diamante, que se estrelló contra el suelo y se partió en mil pedazos.

Me has engañado, - le dijo al gemólogo - se ha roto.


Cogió la rosa y volvió a entrar en la habitación de su abuela. Se la puso sobre el corazón y esperó... La anciana abrió los ojos, extendió una de sus manos y acercó la rosa a su rostro.

¡Qué bien huele! - dijo con una dulce sonrisa mientras sus ojos se volvían a cerrar muy lentamente.

La niña salió, se volvió a subir al peñasco y dejó caer la flor. Algunos de sus pétalos quedaron esparcidos entre las rocas, pero el corazón de la rosa estaba intacto.

- Me quedo con la rosa.

El gemólogo estaba indignado.

- Te dije que el diamante era muy duro, pero si hubieras sido lista no lo hubieras dejado caer.

El banquero estaba más indignado todavía:

- Eres tonta, niña. Si hubieras vendido ese diamante, podrías haber llevado a tu abuela a un buen sanatorio para que se curara. 

La pequeña se volvió a ellos apretando el corazón de la rosa contra su pecho.

- Los tontos sois vosotros dos.
  Mi abuela estaba triste y se ha dormido contenta. Ninguna medicina la hubiera           
  podido curar.
  El diamante se ha roto porque no me dijísteis que era frágil.
  Esta rosa conserva la última sonrisa de mi abuela.
  Plantaré sus semillas en el jardín y tendré más rosas, sonrisas nuevas, en    
  primavera. 
  Los trozos de ese diamante no sirven ya para nada. Si los entierro, no saldrán más. 
  Los tontos sois vosotros dos por preferir una piedra a una flor.