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4 jun 2012

Si Dios...

(Escrito el día de mi honomástica: Domingo de la Santísima Trinidad)


Si Dios no me lleva al Cielo
cuando me muera,
no debo quejarme, no,
pues ya lo tuve en la Tierra.

¿Qué mayor belleza
que alimentar nuestras almas
de sabia naturaleza?

El suave verdor del valle,
las largas trenzas de hiedra,
el canto limpio del agua,
esa  infinita arboleda...

Si Dios premia aquí a los que ama
con sufrimientos y penas,
no debe quererme mucho
cuando de gozos me llena.

¿Qué mayor tesoro
que preferir el brillo del rocío
al destello del oro?

Amaneceres soñados
que puedo soñar despierta,
aroma de enamorados
entre susurros de siesta.

Si Dios me muestra su Amor
en el que ahora me rodea,
no debo pedirle más
sino rendirme a su entrega.

¿Qué mayor contento
que emborracharse de lluvia
al conjuro del viento?

Dulces trinos vespertinos,
ecos de voces eternas,
rimas en piedra labradas
con el cincel de un poeta.

Si Dios me lo ha dado todo
sin que yo se lo pidiera,
¿no debo entregarme toda
a su voluntad primera?

¿Qué mayor fortuna
que dormirme en abrazos
empapados de luna?

Caminar con pies descalzos
acariciando la hierba,
con los pasos de mi amor
siguiendo mi misma senda.

Si un día Dios me dejara
abandonada, indefensa,
¿podría entonces pedirle
que llamara ya a mi puerta?

¿Qué mayor riqueza
que no desear nada
pues sobra hasta la pobreza?

Si Dios ya me ha dado el Cielo,
¿qué será lo que me espera...?