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22 mar 2016

Palmas y olivo


La palma más hermosa la lleva el niño 
y su madre ramita de verde olivo.
Procesiones, saetas, dolor revivido
y cristianos celebrando desde el olvido.

Sonriente en un borrico, Dios va montado
entre palmas y risas, alegres cantos;
el gentío lo aclama cual soberano,
¡Hosanna al que ha venido para salvarnos!
Abren su paso flores, ramas y mantos.

Jesús, ¡qué pena!,
los que ayer te aclamaban
hoy te condenan.

Un rey que con espinas han coronado,
con clavos y entre mofas crucificado,
pero Cristo clemente en su Calvario,
pues "no saben lo que hacen", ha perdonado.

Sólo Él desde la cruz nos sigue amando.
Ciudad Santa que llora nuestros pecados.


8 mar 2014

A una desconocida


Día Internacional de la Mujer

Entre velos naciste,
mi musulmana,
entre velos te veo
cubriéndote la cara,
por un par de agujeros,
encarcelada,
sólo veo tus ojos, grandes y bellos,
pupilas de azabache
clavándose en mi cuerpo
como una espada
y
adivino que tienes
herida el alma,
que sufres con tu pena
larga y callada
escondiendo en tu pecho
dos dagas blancas,
una de media luna
muy afilada,
la otra de acero rosa,
envenenada.
En tu hondo misterio
no desvelada.


Déjame que te libre
con mis palabras,
que te vista de novia
con flores blancas,
que te diga al oído
que en tus manos morenas
llevas escrito el nombre
que no recuerdas,
el de un cristiano viejo, enamorado
de tu boca secreta,
de tu silencio esclavo,
de tu oscura silueta.




31 may 2013

Esta loca primavera

Loca primavera,
líquida,
liquidada por un tiempo chiflado,
avaro, de pozos hambrientos de monedas,
sin fondo, sin la gruesa soga,
de deseos casi cuerdos,
sin humano fundamento.


Yo,
viendo
lo que está lloviendo
esta absurda primavera
que más parece un invierno
- agua, más agua, sólo agua
incesantemente
cayendo en largos crespones -,
de añoranzas me lleno.

Firmamento
colador de cielos negros,
cedazo de cálidas estrellas,
tamiz de húmedos sueños.

Gélido frío, blanda escarcha,
nieve terca cubriendo las cumbres
desafiando a un luto invernal.
El Cielo se mea con ganas
en la fértil tierra.
Estiércol,
todo huele a estiércol,
a mierda de ganado enfangada,
a un nauseabundo silencio.

Ráfagas fieras de viento.
 
Se despide este mayo triste
sin flores, sin días buenos.
El sol se ha puesto de huelga
entre nubes esquiroles
tras un cielo ceniciento.
Tiemblan las crías en sus nidos,
maúllan gatos hambrientos,
vagan flojos flacos perros,
mueren jatas hacinadas
en los establos mugrientos,
corneadas por las vacas,
por el mal tiempo encerradas,
locas vacas sin buen pienso.

Esta loca primavera
todo el suelo es un espejo
de gotas bailarinas
bajando, subiendo, reflejando
nubes plañideras, rostros perplejos.

Vuelan los paraguas,
vuelan los pañuelos de gruesa lana,
vuela aterido el viejo vencejo.
Cantabria sopla sus blancas velas
mar adentro, juegan altas olas
junto al cementerio
y el ángel de mármol
levanta su espada llamando
a un dios justiciero.
Caen rezando las gotas
sobre blancas tumbas
entre crisantemos.


Corren luengos los arroyos
preñados de cantos frescos
arrollando troncos, ramas
desgarradas, sin aliento.

Gimen lánguidas las hojas
suspiros de troncos huecos.

Doblan los débiles tallos
sus cabezas contra el suelo
y
se hunden en la yerba mojada,
empapada de charcos y cieno.
Moho, musgo, hongos,
dueños de un paisaje ajeno.
Duerme la azul regadera
en medio de grandes arañas
tejiendo agujeros.
 
¿Dónde yacen esas flores
de capullos abortados
con sus colores sangrientos?
Alas rotas de mariposas
giran y giran
en oxidados recuerdos.
 
Gris como la crisis,
gris,
como plomo de balas
que ha matado a la bella primavera
este año sin remedio.
Verde espesor de niebla,
turbio cómplice senil
de estos tibios, blandos versos.
 
Yerra la confusa hiedra
trepando el húmedo muro,
yerra el dalle chirriando de pena,
yerra el camino de hierro el arado,
yerra hasta el hombre del tiempo
asombrado, inundado
por tanto aguacero,
por la ilógica inclemencia,
por tanta tempestad a destiempo.
 
Y yo,
aquí,
pegada al cristal de la ventana
viendo
que ya no llega
esa ansiada y vaga primavera
y
que sigue aún lloviendo
sin pausa, sin freno,
lloro lágrimas granizas,
lloro lágrimas de piedra
con mi alma y con mi piel
de sol y de ardor sedienta.

 
Flores, flores...
¿para qué?,
los muertos ya no las ven.







22 jun 2011

Imágenes y palabras para un día de niebla


Niebla que me abrumas siempre que te acercas, con tus mil misterios, con tus alas ciegas.
Niebla que regalas sueños y quimeras en abrazos tiernos de dama pasiega.
Niebla campesina, húmeda plegaria, fugaz pasajera.
Niebla caprichosa, tímida doncella, que disfrazas el paisaje de enigmas sin respuesta.
Niebla temerosa, temida enemiga, etérea compañera.
Niebla humilde y grande, que humillas al sol, que envuelves en magia callejos y sendas.
Niebla sigilosa, apareces y te esfumas sin rozarme apenas.
Niebla melancólica, riegas de esperanza los praos y acequias.
Niebla delicada, gemido del cielo, dulce plañidera.


Desafiante, recibes al estío vestida de armiño, sentadita a la puerta.
Novia del rocío, hermana de brumas, hija de tinieblas.
Sueño de las hadas, de duendes, de anjanas, de gnomos de leyenda.
Nacida en vapores, difusa te elevas y en callada calma te alejas serena.
Cómplice de dudas, amiga de amantes, reina fiel y fértil de la gran foresta.


Tu hechizo me atrapa, entorno los ojos y escucho tus quejas...
Quiebran tu silencio los cantos de grillos que entonan monótonos una cantilena.
¡Qué hermoso ese coro de píos, de trinos, de oscuros murmullos y susurros de aneas!
Invisible concierto de mugidos, relinchos, de cencerros anónimos, de balidos de aldea.
Las gallinas callan mientras que su gallo fino cacarea.
El arroyo fresco canta entre guijarros y el hacha acompaña tocando madera.
De pronto, un silbido humano rompe la armonía; silueta borrosa, pasos que se acercan...


Tejen las arañas sus sutiles telas que las tenues gotas adornan en perlas.
Acaricia las ramas una brisa húmida, besa mi rostro, refresca la tierra.
- ¿Qué te pasa, rosa?, ¿por qué bajas - dime - triste tu cabeza?
- No estoy triste, niña, mas el tiempo pesa y mi débil tallo ya no me sustenta.
Efímera rosa, dejas en tus pétalos memoria en aromas de eterna belleza.


Rica yerba verde, disipada en matices con grises de seda.
Las babosas se arrastran dejando su rastro de viscosa muestra.
Helechos orgullosos abren sus hojas cual lanzas sedientas.
Chirrían por el prado ejes de carretas; el ganado, al paso, borra antiguas huellas.
Tres alondras pasan volando ligeras.


Pica el hombre el dalle al ritmo que marca su celosa dueña.
Voces sin rostro atraviesan el aire, lejanas, difusas, inciertas.
La hiedra se esponja y crece trepando los troncos que enreda.
Se adivinan colores, reviven olores, las chovas tímidamente aletean.
Una mariposa dibuja en el aire una pirueta.


Lloran en el césped lágrimas las piedras.
Ocultas quedaron las cimas, las peñas.
Quietud, no agonía; paz que el alma llena.
Un claro me deja ver el humo blanco de una chimenea:
coquetas volutas que crecen y ascienden despacio, lentas, sí, muy lentas...
Adivino abajo el tejado viejo de una cabaña; una sombra roja sube la escalera.


Niebla, lenta te penetro, te palpo y tu hondo aliento con el mío se mezcla.
¿Cuál es el secreto que guardan mimosas tus vagas mareas?
Trepas por los riscos, danzas por el valle a orillas del Miera.
Hoy las raudas horas se detienen densas.
Entre sombras de luces veladas siento a Dios más cerca.


Parece que la vida, cansada, se rinde un momento, adormece y espera...