No soy esclava del reloj,
ni de modas,
ni de ungüentos,
ni de jefes opulentos,
ni de las fétidas heces
de políticos gurús.
Huyo de leyes obscenas,
de cánticos de sirenas,
de las falsas libertades,
del circo de vanidades,
de sermones infumables,
del ruido ensordecedor.
Mi tiempo lo marca el sol,
la lluvia,
la voz del viento,
el silencio de las piedras,
el despertar de una flor.
