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11 ago 2014

Mientras paseo


-I-
Las vacas le han robado
el perfil a la montaña
y ahora son sus lomos
los que ocultan el sol
del atardecer.

-II-
¿Se mueve la nube?
¿Se mueve la luna?
¿Se mueve la Tierra?
Se mueven las tres,
pero la quietud
lo envuelve todo.
Debe ser que no se ponen de acuerdo.

-III-
Hay un parche luminoso
en el cielo ondulado
donde la luna yace
entre nubecillas de algodón.

-IV-
El sol vive de noche
en la faz de la luna
lo mismo que la madre dormida
en el rostro de su niña pequeña.

-V-
El amor no muere:
sólo cambia de piel.


11 abr 2013

Cantando, que es Gerundio



Tengo una casa pasiega
(Con la música de "Tengo una vaca lechera")
 
 Tengo una casa pasiega
hecha de piedra y madera
con el tejado de lastras
y una campana que suena
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
En medio de verdes prados
con mis vaquitas pastando
me paseo con mi amado
contemplando el escenario
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
¡Qué felices que vivimos
lejos de atascos y ciscos
entre píos y mugidos
y sin contaminación!
 
Tengo cabaña pasiega
en San Roque de Riomiera
en lo alto de la montaña
lo más bonito de España
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Tenemos cinco gallinas
y nos hacemos tortillas
con los huevos que ellas ponen
tan ricos y tan grandones
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Aquí el agua sabe a agua
de la fuente donde mana
y baja cantando al valle
¡qué alegría! ¡qué ilusión!
 
Tengo una casa pasiega
con porche y con chimenea
y una coqueta solana
que reluce en la mañana
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Guapa por dentro y por fuera
con alfombra en la escalera
con calor de radiadores
en las cinco habitaciones
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 
Aunque no tiene piscina
nuestra casuca es divina
con sus flores, con sus vistas,
un paisaje de primor.
 
Tengo una casa pasiega
donde los “praos” se siegan
con un dalle que se pica
con orgullo y con pericia
Tolón-tolón
Tolón-tolón
 

26 feb 2013

Nubes de nieve

Nubes de nieve
¿quién no las distingue?,
¿quién las ve...?


Ambas albas
allá a lo lejos, puras,
una pareja de algodones de azúcar
flotando en un cielo insípido, espeso,
vacío de azul.
Tras el débil vaho del doble cristal
mi vista las detecta, pausadas
- se inflan, se contonean, se mudan -,
confusas entre el paisaje descolorido,
dos nubes menudas muy blancas, festoneadas,
casi gemelas, coquetas, sin tocarse apenas,
que pasan rozando tímidamente
la escarpada ladera de mi montaña amiga,
ahora vestida de novia, preñada de inviernos,
acariciada por húmedos silencios
de viejas cebras esculpidas con cincel de hielo.
Rumbo al norte, atraídas por la magia del mar.

¿A dónde van - si es que llegan -
estas efímeras nubecillas
antes de quedarse en nada?


Vaporosos velos redondeados
tímidamente movidos por un viento perezoso,
de lentos bostezos mezclados
con el aliento gélido de las enormes rocas
camufladas, ocultas
bajo una espesa capa de nieve.


Bajo cero,

las ancianas montañas
se han soltado sus melenas canosas
y meditan sobre el paso del tiempo,
tan largo para ellas,
guardianas del valle del Miera.


La cima pálida del Porracolina las ve pasar
serena, aterida de frío,
y suspira,
su cara escondida bajo un manto de armiño,
y espera,
entre blandos copos y tupido cielo,
a que pase de largo este blanco adiós de febrero,
y sueña, suspira, espera
y
vuelve a soñar
con la cálida frescura
de la primavera.

Esta foto la saqué ayer desde el porche de nuestra cabaña.
Nunca había nevado tanto ni tan seguido en los últimos años.


21 jul 2012

Al atardecer


                    Los atardeceres son aún más hermosos en verano
                    porque prolongan la luz de las tímidas horas.
                          Se va haciendo de noche tan lentamente
                          que la oscuridad no nos sorprende;
                          nos va envolviendo sutilmente,
                          como cuando una madre adormece a su hijo
                          amorosamente entre sus brazos...

                          Hoy la temperatura afuera era tan agradable
                              que no se notaba,
                                 una caricia imperceptible,
                                        un beso soñado.

                      Aquí en la montaña se escucha el silencio...

Los perros, las gallinas y las vacas ya duermen.
    El vecino terminó de picar su dalle.
       Los pájaros descansan entre las ramas
             y en sus nidos.
Todavía no revolotean los murciélagos
      alrededor del porche.

                          Estuve paseando para desintoxicarme
                              de tanta mala noticia,
                                 harta de escuchar hablar de la prima de riesgo,
                                     de los índices bursátiles,
                                         de escuchar a los políticos intentando
                                              explicar lo inexplicable,
                                        siempre lo mismo,
                                        un día tras otro,
                                escuchando mentiras que tranquilizan a los tontos
                                             y
                                                  verdades a medias que asustan a casi todos.

             Aquí en la montaña
             la crisis se vive y se ve desde otra perspectiva,
             como si fuera menos con nosotros,
pero sabemos que las plagas se extienden
y
llegan a los rincones más insospechados.

En estos tiempos malos
      algunas personas se han dado cuenta
            de que han caído en el engaño del falso progreso,
¿demasiado tarde...?

Ese becerro de oro, tan brillante,
      tan falso como las falsas promesas
           de dietas milagrosas,
                 la inexpresiva belleza del botox,

                     el amor comprado,
                         los chollos bancarios,

                             el café descafeinado,
                                  la felicidad drogada...

                                           Difícil limpiar la mente de tanta basura,
                                           incluso aquí,
                                           en la montaña.

Me detuve a contemplar
cómo las nubes se iban adueñando
del horizonte,
bajando majestuosamente
como un telón de vaporoso terciopelo,
en un principio transparente,
espeso y opaco luego.

El verde se iba tornando gris.
Notaba la humedad refrescando mi rostro,

empapándome el alma,
lavando parte de mi pensamiento.

Distinguí un pequeño resplandor de esmeralda:
una luciérnaga.

Se desvaneció pronto.

           El telón había bajado hasta ocultar todo el paisaje.
           La montaña había desaparecido.
           Fin del espectáculo.
           Me encontraba sumergida en una inmensa nube.
           Era hora de mirar en mi interior...
          
                                                   Sola,
                                                   silenciosamente
                                                   sola
                                                   en
                                                   medio
                                                   de
                                                   esa
                                                   especie
                                                   de
                                                   nada
                                                   tangible.
  
Entonces
no sé qué me impulsó a extender los brazos
y
elevarlos hacia el cielo,
un cielo azul imaginado.

                                 Apenas sentía el mullido césped bajo mis pies descalzos.
                                 Me puse de puntillas.
                                 Intentaba alcanzar lo inalcanzable.
                                 Unas alas, unas alas...
                                 No.
                              
Respiré profundamente,
bebiéndome el aire perlado
en largos sorbos
y
me sentí vacía de todo
y
llena de Dios.