10 jun 2012

Coplillas de enamorada

(Algo ligero y festivo para un domingo)
   
        

Yo quisiera, chiquillo,
ser corbata rodeando tu cuello
con el nudo seguro de mi cariño.
Bastón de madera
sirviéndote de firme apoyo
la vida entera.
Un gran espejo
viendo en mi plateado azogue
tu fiel reflejo.
Paraguas de madera
para guardarte de las lluvias
en primavera.
Un calendario
para recordar juntos
aniversarios.
Reloj de pulsera
para tener a todas horas
tu mirada en mi esfera.

Yo quisiera, amor mío,
ser cinturón
apretada a tu talle con mi pasión.
Mullido sillón
para dormirte entre mis brazos
en el salón.
Peine y cepillo
para enredarme en tu pelo
y en tu flequillo.
Calcetines
para empapar tu sudor fatigado
cuando camines.
Gorro de pana
para leer en tu cerebro
cuánto me amas.
Brocha y maquinilla
para afeitar tu barba
resbalando mimosa por tus mejillas.
Suave pañuelo
para empapar tus lágrimas
en mi blanco consuelo.
Volante del coche
para viajar entre tus manos
de día y de noche.
Un llavero
para abrirte las puertas
del mundo entero.


Yo quisiera, mi niño,
ser pantalones
para abrigar bien tus muslos
y tus riñones.
Cremallera
para abrirme o cerrarme
cuando tú quieras.
Tijeritas de aseo
para perfilar tus uñas
con mi filo de acero.
Esponja y gel
para acariciarte en la ducha
recorriendo tu piel.
Edredón de plumas
para cubrir tus sueños
con mi blanda ternura.
Un boli Bic 
bailando entre tus dedos
y con mi capuchita hacerte ¡clic!
Zapatillas
para aliviar tus pies cansados
con mis cosquillas.


Yo quisiera, bien mío,
ser bicicleta
para llegar entre tus piernas hasta la meta. 
Gafas bifocales
para ver con tus verdes pupilas
tras mi cristales.
Un diccionario
para sentir tu índice
repasando mi vocabulario.
Camiseta
para escuchar los románticos latidos
de tu alma de poeta.
Cepillo de dientes
sorteando tu lengua
muy sonriente.
Calzoncillos
para sentir tus nalgas y tu vientre
entre mis hilos.
Tacita de porcelana
para besar tus labios cafeinados
cada mañana.


4 jun 2012

Si Dios...

(Escrito el día de mi honomástica: Domingo de la Santísima Trinidad)


Si Dios no me lleva al Cielo
cuando me muera,
no debo quejarme, no,
pues ya lo tuve en la Tierra.

¿Qué mayor belleza
que alimentar nuestras almas
de sabia naturaleza?

El suave verdor del valle,
las largas trenzas de hiedra,
el canto limpio del agua,
esa  infinita arboleda...

Si Dios premia aquí a los que ama
con sufrimientos y penas,
no debe quererme mucho
cuando de gozos me llena.

¿Qué mayor tesoro
que preferir el brillo del rocío
al destello del oro?

Amaneceres soñados
que puedo soñar despierta,
aroma de enamorados
entre susurros de siesta.

Si Dios me muestra su Amor
en el que ahora me rodea,
no debo pedirle más
sino rendirme a su entrega.

¿Qué mayor contento
que emborracharse de lluvia
al conjuro del viento?

Dulces trinos vespertinos,
ecos de voces eternas,
rimas en piedra labradas
con el cincel de un poeta.

Si Dios me lo ha dado todo
sin que yo se lo pidiera,
¿no debo entregarme toda
a su voluntad primera?

¿Qué mayor fortuna
que dormirme en abrazos
empapados de luna?

Caminar con pies descalzos
acariciando la hierba,
con los pasos de mi amor
siguiendo mi misma senda.

Si un día Dios me dejara
abandonada, indefensa,
¿podría entonces pedirle
que llamara ya a mi puerta?

¿Qué mayor riqueza
que no desear nada
pues sobra hasta la pobreza?

Si Dios ya me ha dado el Cielo,
¿qué será lo que me espera...?


15 abr 2012

Restos


Vivimos rodeados de voces del pasado,
-- nada se pierde --,
todo se ha transformado,
a fuego lento, a golpe de martillo,
a tumba abierta.

Los gusanos se comieron nuestros cuerpos,
el viento se llevó nuestras cenizas,
las grises, las quemadas, las caricias
en polvo convertidas,
tan lejanas algunas, tan recientes...
Incluso en el silencio más profundo
podemos escuchar los ecos de los nuestros;
sus voces permanecen incorruptas
rodeando el perfil del universo.
Nos hablan, nos gritan, nos susurran,
nos hablan de velados misterios
-- dentro, muy dentro --
en un idioma oculto, la lengua de lo eterno.
La muerte no existe, todo es vida
renovada en distinta materia acaecida.

Dejar de pensar, eso es morir,
no controlar los adioses, las lágrimas,
no sentir las certeras estocadas.
Llamamos quietud a no percibir el movimiento
de la sangre en las venas, de los átomos,
de los planetas más lejanos,
del propio pensamiento.

En cada uno de nosotros viven los restos
de miles de ancestros, de células de humanos,
de animales, de árboles, de objetos.
Aún así, únicos somos, esencialmente irrepetibles
mientras podamos decir un sí conscientemente,
la mente clara y claro el sentimiento;
mientras podamos decir no, únicos somos,
a pesar de los pulsos temblorosos,
de los pasos vacilantes,
a pesar de estar postrados en el lecho.

Somos la suma de unos restantes restos,
somos multiplicados, divididos;
somos rostros sonrientes, compungidos,
somos, al cabo, esa victoria triste del retrato
o esa alegre derrota del lánguido recuerdo,
una batalla ganada en cada beso,
-- amor, amor, ¡me dejaste sin sueños! --
una lucha perdida en cada exceso.

Partidos en dos, partimos todos algún día
mientras la tierra recoge nuestros gastados huesos,
la carne virginal o apasionadamente acariciada;
mientras un aire compasivo, en invisibles alas,
se lleva  nuestras almas hacia el cielo,
el de los que creen, el de los que alguna vez creyeron.
Somos restos reciclados que otros reciclarán
en siglos venideros.
Sólo somos eso.
Aquí.

Luego... ni vivos ni muertos.
Distintos mismamente
más allá del limitado espacio,
del conflictivo obrar,
del imparable tiempo.


13 abr 2012

Quédate con nosotros


Muy tristes iban andando
dos hombres, a paso lento,
caminito de Emaús.
Tristes se iban lamentando
de la muerte de Jesús,
de todo lo acontecido que
en sus estrechos cerebros
no encontraba explicación;
sacerdotes envidiosos,
pérfidos gobernadores
que habían enviado a la Cruz
al sabio profeta, aquel
que iba a librar Israel;
de aquellas buenas mujeres
que, a la salida del sol,
 cuando iban a ungir su cuerpo
vieron el sepulcro abierto,
¡vacío!, y a dos ángeles al lado
anunciando a Jesús resucitado...


Iban charlando y, de pronto,
un hombre se les unió,
-- ¿sobre qué vais discutiendo? --
un hombre cuyas palabras
les llenaba corazón,
mas no lo reconocieron,
¿cómo podían ser tan ciegos?

Al llegar a su destino,
el caminante divino
dijo que seguía adelante
pero ellos, llenos de  ardor,
lo invitaron a quedarse,
a cenar en el mesón.
La noche estaba cayendo...


Una vez que partió el pan
lo bendijo junto al vino,
se lo dio, y fue entonces
cuando sus ojos se abrieron.
Desapareció ante ellos...


De vuelta a Jerusalén,
alborozados, gozosos,
contaron lo sucedido
a los once que encontraron
allí con otros reunidos.

- ¡Es cierto! ¡Resucitó!
¡Jesús comió con nosotros
en la aldea de  Emaús!


Dios sale siempre al encuentro
en medio de nuestras penas,
pero cerramos los ojos,
los oídos, el corazón;
no sentimos su presencia
hasta que una luz, inmensa,
nos desvela su apariencia
y nos llena de fulgor.

- ¡No te vayas!
Sólo en Tí encontramos paz,
fuente de vida, verdad.

Quédate con nosotros...


7 abr 2012

Gracias


... Amaos los unos a los otros como Yo os he amado ...

Gracias mi Dios por tu Amor,
por tu sangre derramada,
por perdonar mis pecados,
por la Luz de tus palabras.

... Yo soy el pan de vida.
El que venga a mí, no tendrá hambre,
el que crea en mí no tendrá nunca sed...

Gracias por darme Tu Vida
pues sin ella me dejaras
me encontraría perdida,
lejos de toda esperanza.

... Quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí ...

A la sombra de tu Cruz
quiero vivir cobijada
sintiendo que, entre tus brazos,
encuentra sosiego mi alma.

... Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados ...

Sólo en Tí hallo descanso
bajo Tu dulce mirada;
sólo en Tí entiendo que amar
es dar a cambio de nada.



Entre tambores y cirios
pasa la Semana Santa
con sus pasos y saetas
llorando la madrugada...

28 feb 2012

La tierra preñada


Duerme la vida bajo la nieve;
espera paciente el paso del dios del frío
y se llena de brotes sumergidos,
de ateridos bulbos, de raíces prolongadas,
de henchidas simientes silentes.

Duerme paciente la vida bajo la nieve,
callada y confiada, cual amante enamorada,
esperando esa cálida caricia que la hará renacer.

Latente, su frágil corazón alienta
un eco de esperanza, acompasando sus latidos
al ritmo monótono del tiempo.

En aparente quietud, oculta y tímidamente,
la vida va germinando más vida,
preñada de un estallido infinito de colores,
mientras los hombres la pisan, ignorantes
de que ella, bajo sus pies,
sigue soñando encendidas primaveras.