17 oct. 2011

Castilla



Castilla,
la de Machado,
la austera, la augusta llana,
son tus sendas escenarios
de innumerables andanzas.
Son tus campos, tus paisajes,
tan recios como tu raza.
Los rayos del sol con fuerza
tus horizontes abrasan;
trigo, maíz, girasoles,
olivares, robles, parras.
Tus huertas, tus castillos
y tus silos te engalanan;
son en tu llano elegante
como tenues pinceladas.


¿Recuerdas esas sandalias
tan gastadas de tu Santa?
Pies benditos que en su andar
amorosos te besaban,
¡qué agotados y dolientes
por tu piel se arrastraban!


Son tus pequeñas aldeas
como cuentas de un rosario
que una luna de nácar
cariñosamente engarza.
¡Qué derroche de fragancias
en tu paleta dorada!,
¡qué despliegue de cantueso,
de romero, espliego y jara!,
¡qué aroma sutil desprenden
esas tus cepas y matas!
Las alegres amapolas
bordan tu traje de gala.


Tus cañadas,
rutas de rudos pastores,
parecen de oro labradas.
Tu rebaño trashumante
se recoge en las majadas.


¡Cuántas noches tu Teresa
entre tus noches velaba!
Oigo el eco de sus pasos
por tus vetustas calzadas...



* Este poema ganó el 3r premio en la XIX Competición Internacional  Féile Filíochta de 2007.