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5 abr 2016

No hay palabras


No hay palabras, decimos,
no hay palabras nuevas para reflejar
cuánto nos amamos. Todo está dicho.
Ah..., ese callado abrazo del amor
que nos envuelve, que nos devuelve 
la fe en nosotros mismos. Ese beso redentor. 
Ese eterno suspiro. Ese no decir nada 
porque todo está entendido.
 
 Esa mirada azul que lentamente nos desnuda.
Ese cálido aliento acariciando el oído.

 No quedan palabras bellas en el diccionario.
 De tanto usar las mismas, las hemos convertido
en sonidos huecos, en ecos aburridos.
Pero seguimos hablando, hablando de más, 
y los poetas seguimos escribiendo,
¡qué tercos somos!, sin rendirnos. 
 
Palabras que nos enciendan el alma.
Habría que inventarlas, encontrar ese fuego escondido.
Sólo en el último segundo de la vida
nos alumbra esa llama, esa luz divina,
que nos envuelve con la belleza del silencio.
 Dios nos dice, "Calla. Yo soy la Palabra"
Y en ella abandonados partimos los humanos
confundidos.


12 jun 2012

Miedo


Me dijiste...


"Tengo miedo de perderme
en mitad de tu nombre
entre tu alada falda y tu blanco vientre,
al borde del abismo de tus labios
en ese beso tuyo aún no amanecido.

Tengo miedo de herirte hondo
con mi amor desbocado,
de rasgar ese incorrupto velo
y, sin embargo, puede más 
mi fuego de hombre que el rojo de tu sangre;
tú,
tan virginal,
tan nívea la mirada,
tan distante de mi ardiente sexo.


Tengo miedo de naufragar bajo tu enagua,
de perderme en tu mundo cerrado,
prisionero
de tu cándida cintura,
de tus piernas púdicas,
de tu púbico pelo.

Tengo miedo del temblor
de tu pecho,
de tu pulso acelerado,
de tu incógnita mirada
cuando me acerco.


Tengo miedo de mí mismo
pues te amo toda entera
y, si te parto en dos,
si quiebro tu cálida inocencia,
no encontraré la forma luego
de restaurar tu intacta belleza.

Tengo miedo de vaciar
mi deseo sin llenarte,
de quedarme vacío sin saber
si lo que siento es amor
o simplemente mi viril instinto.


Tal vez, si me contengo,
te estaría amando eternamente
como un sueño inalcanzable.

Se desea con ansia lo que no se tiene
y, si se logra,
llega luego de puntillas el tedio traicionero.
¿Sería pues mi amor por ti constante
hasta la muerte?
¿Sentiría la misma sed de ti
si ahora te bebo?
¿Tendría la misma hambre si te como
con mis besos?


Tengo miedo de poseerte al fin
y dejar de quererte
como a tantas otras antes,
mas ... si te dejo ahora,
¿quién robará tu primer gemido
sin temer, como yo,
mancillarte?


Te quiero tanto, amor,
y es por eso
que tengo tanto miedo".

Me dijiste...
y ahora soy yo,
amor, 
la que tengo miedo de perderte.