31 may. 2013

Esta loca primavera

Loca primavera,
líquida,
liquidada por un tiempo chiflado,
avaro, de pozos hambrientos de monedas,
sin fondo, sin la gruesa soga,
de deseos casi cuerdos,
sin humano fundamento.


Yo,
viendo
lo que está lloviendo
esta absurda primavera
que más parece un invierno
- agua, más agua, sólo agua
incesantemente
cayendo en largos crespones -,
de añoranzas me lleno.

Firmamento
colador de cielos negros,
cedazo de cálidas estrellas,
tamiz de húmedos sueños.

Gélido frío, blanda escarcha,
nieve terca cubriendo las cumbres
desafiando a un luto invernal.
El Cielo se mea con ganas
en la fértil tierra.
Estiércol,
todo huele a estiércol,
a mierda de ganado enfangada,
a un nauseabundo silencio.

Ráfagas fieras de viento.
 
Se despide este mayo triste
sin flores, sin días buenos.
El sol se ha puesto de huelga
entre nubes esquiroles
tras un cielo ceniciento.
Tiemblan las crías en sus nidos,
maúllan gatos hambrientos,
vagan flojos flacos perros,
mueren jatas hacinadas
en los establos mugrientos,
corneadas por las vacas,
por el mal tiempo encerradas,
locas vacas sin buen pienso.

Esta loca primavera
todo el suelo es un espejo
de gotas bailarinas
bajando, subiendo, reflejando
nubes plañideras, rostros perplejos.

Vuelan los paraguas,
vuelan los pañuelos de gruesa lana,
vuela aterido el viejo vencejo.
Cantabria sopla sus blancas velas
mar adentro, juegan altas olas
junto al cementerio
y el ángel de mármol
levanta su espada llamando
a un dios justiciero.
Caen rezando las gotas
sobre blancas tumbas
entre crisantemos.


Corren luengos los arroyos
preñados de cantos frescos
arrollando troncos, ramas
desgarradas, sin aliento.

Gimen lánguidas las hojas
suspiros de troncos huecos.

Doblan los débiles tallos
sus cabezas contra el suelo
y
se hunden en la yerba mojada,
empapada de charcos y cieno.
Moho, musgo, hongos,
dueños de un paisaje ajeno.
Duerme la azul regadera
en medio de grandes arañas
tejiendo agujeros.
 
¿Dónde yacen esas flores
de capullos abortados
con sus colores sangrientos?
Alas rotas de mariposas
giran y giran
en oxidados recuerdos.
 
Gris como la crisis,
gris,
como plomo de balas
que ha matado a la bella primavera
este año sin remedio.
Verde espesor de niebla,
turbio cómplice senil
de estos tibios, blandos versos.
 
Yerra la confusa hiedra
trepando el húmedo muro,
yerra el dalle chirriando de pena,
yerra el camino de hierro el arado,
yerra hasta el hombre del tiempo
asombrado, inundado
por tanto aguacero,
por la ilógica inclemencia,
por tanta tempestad a destiempo.
 
Y yo,
aquí,
pegada al cristal de la ventana
viendo
que ya no llega
esa ansiada y vaga primavera
y
que sigue aún lloviendo
sin pausa, sin freno,
lloro lágrimas granizas,
lloro lágrimas de piedra
con mi alma y con mi piel
de sol y de ardor sedienta.

 
Flores, flores...
¿para qué?,
los muertos ya no las ven.