24 oct. 2013

Y el viento rizó la rosa

Y el viento rizó la rosa, la erizó hasta sus entrañas,
la vapuleó con vehemencia sin conseguir destrozarla,
la despeinó sin piedad dejándola ensimismada
y más que una flor hermosa parecía coliflor
o un repollo color rosa. Tres días de vendaval
han vuelto loca a la rosa con sus pétalos rizados,
ensortijada y absorta en su florido rosal.
Rosa tan repimpolluda no la he visto yo jamás.
Rosa incierta de permanente belleza. Desmelenada
y coqueta. Rosa incierta de verdad.
 
¿Fuiste a la peluquería? - preguntó la mariposa.
Le dio un ataque de nervios - sentenció la araña parda.
Murió electrocutada - pensó la sabia raposa.

 Y la rosa primorosa - otra rosa maltratada -,
se consumía en silencio en su rosa sequedad.
Las demás, rendidas, tronchados sus tallos,
heridas, se reían de ella, sus hermanas rojas
envidiosas de su ya perdido porte y hermosura.
De ella, la más alta, la más erguida,
la rosa rosa más delicada, más femenina.

 
Los pétalos crespos de la rosa enhiesta
se quedaron yertos desobedeciendo
la ira del viento otoñal. Ella continuaba altiva
desafiando al aire furioso que la maldecía.
- Pequeña orgullosa, ¿no ves a las otras
a mí sometidas?, ¿qué haces ahí tan sola,
tan fea, tan arrugada sin ningún consuelo?
 
Silencio, silencio...
 
Volaban raudas las hojas hacia la colina seguidas
de ramas, de plumas de pájaros de alas desgajadas.
La rosa rizada de este otoño recién estrenado
resiste enrevesada proclamando su bella locura,
su difícil libertad, su florida rebeldía.
 
 


4 oct. 2013

Blancaflor



Campanita vaporosa de mi prado baldío.
Falda danzarina de un alado ballet.
Sombrerito chino de un osezno polar.
Carpa almidonada de un circo glaciar.
Seno sinuoso de cándida nieve.
Tulipa ondulosa de lúcido relieve.
Cúpula nervada de mudas caracolas.
Círculo centrífugo de picudas olas.
Rastro azucarado de una estrella fugaz.
Ruedecilla dentada de papel de fumar.
Tacita caprichosa de blanda porcelana.
Molinete florido de feria serrana.
Cáliz lechoso de lívido tallo.
Ventosa flácida de pétalo en rayos.
Clara de huevo cayendo en picado.
Paracaídas celeste de un ángel en pecado.
Sombrilla nacarada de un vago caracol.
Merengue imposible de corola sin color.
Manga enrevesada de nata pastelera.
Pañuelo nupcial de tacto de seda.
Cucurucho vacuo de lascivia virginal.
Pálido sueño de un desértico erial.
Paloma preñada de un loco soñador.
Platillo volante de polvos de arroz.
Sujetador mini de una vaca lechera.
Luna llena mordida en una borrachera.
Aeródromo sutil de araña patilarga.
Beso tímido de la tierra al alba.

 
 
Brotó blanca
de repente, con el amanecer,
azúcar glasé y, en el fondo, cinco pepitas de oro,
de un largo capullo arrugado,
cual bebé recién parido,
y
se abrió esplendorosa con sus cinco volantes,
sin sus cinco sentidos,
lanzando sus puntas afiladas al aire,
un florido paraguas otoñal entre verdes matojos,
hambrienta de aire y de sol,
ebria de blancura,
desafiante en su erguida soledad,
erección purísima,
pequeña y presumida,
enormemente orgullosa de su linda humildad.
Rodeada de enormes hojas,
algunas ajadas, otras rotas,
sustentando su frágil equilibrio,
su engañosa danza,
en un escenario de espesa verdura.
 
Blancaflor,
nacida entre la yerba,
enamorada del sol y de ella,
blandamente acunada por el viento,
finge que danza mientras lanza
su inocencia en callado lamento.

Tierna florecilla sin ningún olor,
sin apenas peso, sin casi color,
tal vez mañana,
 cuando los ecos de estos leves versos
te despierten de nuevo,
dejarás caer mustia
tu breve vida.
 
Bella sorpresa,
regalo efímero
de un Dios
generoso y juguetón.