10 sept. 2010

Mis señas de identidad



Nací niña un poco ñoña hace años ya en España,
algo huraña de pequeña, sin influencias dañinas,
una especie de maraña entre cariños y riñas.
La eñe en mis apellidos, ni Muñoz ni Vilariño,
ni Cañete ni Mouriño.

Madrileña no castiza, con morriña de mariñas,
de castaños y almadreñas, de zanfoñas y vieiras,
del terruño y sus muiñeiras.

Soy un poquito alfeñique, mi tamaño es el normal,
grandes ojos soñadores, una nariz aguileña,
pelo de color castaño, la boquita de piñón.
Tengo finos los meñiques, frágiles los calcañares,
uñas sin rojo ni brillos y muñecas de algodón.

De padres con muchos reaños, hogareña, cariñosa,
preñada una sola vez de una niña muy hermosa,
hoy día una veinteañera, risueña e inquieta,
nada dada a carantoñas.

Ni roñosa ni tacaña, raramente pedigüeña,
fui retoño, señorita -"seño" para mis alumnos -,
y ahora soy una señora otoñal y aún soñadora,
que añora usos de antaño, dueña de humilde cabaña,
de vida casi ermitaña, con leños para la hoguera,
con un madroño sin oso, con leña en la chimenea,
entre peñas y guadañas, entre pezuñas de cabras,
entre boñigas de vacas, entre rebaños de ovejas,
entre pastos y cizaña, entre cántabros ordeños,
con una fuente aledaña de cuyo rústico caño
mana un agua sin ponzoña, entre infinitas montañas.

Escudriño el horizonte en la temprana mañana,
el cielo color añil, oigo el tañer de campanas
y desentraño el secreto de los dalles y las brañas.
Rimo al calor de la leña, siento arder en mis entrañas
el amor de un dulce ensueño con muñecas y piñatas.

No me gusta el desaliño y en la cintura me ciño
un primoroso corpiño o un pañuelo carmesí.
No soy de gorros ni moños, ni me tiño la melena,
me peino bien, voy sin greñas, no uso pestañas postizas,
no hago guiños ni puñetas, pero a veces frunzo el ceño
si se me empaña la vista, si oigo reñir o me riñen
o si no logro mi empeño.

Me extraña el nombre del ñu, me ensaño con las arañas,
me encantan los ruiseñores, las cigüeñas y anduriñas,
tengo miedo a las pirañas, a las crueles alimañas,
a las fieras carroñeras, a las aves de rapiña.

Disfruto con la lasaña, - ñam-ñam-ñam -,
con buñuelos y pestiños, callos a la madrileña,
castañitas bien asadas, una caña de cerveza,
zamburiñas a la plancha, almendras garrapiñadas,
flanes al baño María, los ñoquis con mantequilla,
champiñones al ajillo, un buen filete de añojo,
y, aunque no soy Arguiñano, se me da bien el aliño
y en la cocina me apaño rebañando con ahínco,
usando papel de estaño y fregando en un barreño.
No me estriñe el chocolate.
Paso del coñac, del güisqui y de coger una moña,
pero bebo vino añejo, me alegro con Alvariño
y baño el bollo en licor.

Vivo al amor de mi dueño, mi celoso compañero,
un mañoso caballero, un cielo, aunque algo gruñón,
al que adoro y nunca engaño, que se ha empeñado en domarme
y, como no me domeña, se enfurruña con razón.

Admiro a los lugareños montañeses y pasiegos,
amo el Miño y el Pisueña, todo el paisaje norteño,
y viajé hasta Gran Bretaña a bruñir mi pobre inglés.
Cataluña me sorprende, La Coruña me deleita,
como Santoña y Pedreña, como Riaño y Piloña,
no fui a Logroño ¡leñe!, pasé por cerca de Oña.

Me va el ritmo caribeño, me baño en paños menores,
sé tocar las castañuelas y me lo paso cañón
diseñando figuras y cuentos, enseñando a niños buenos,
pergeñando versos.

Huyo de coñas y escaños, no aspiro a subir peldaños
para llenar el bargueño con monedas acuñadas
con saña o con malas mañas, o con cuñas de favor.
Hablo sin paños calientes, no me constriñen las normas.
En moda estoy en pañales, no visto lujos ni armiños,
pero sí paños de hogaño, no vivo en el Cromañón.

Me entusiasma el español en canciones y en viñetas,
en historias entrañables, en poéticas hazañas,
en cantares de campiñas, en relatos de campañas.

Hermano tengo y cuñada, una entrañable familia,
unidos como una piña.

Enemiga de puñales, de balas y de cañones,
de apaños burdos y engaños, de patrañas lisonjeras,
personajes muñidores, gente de baja calaña,
de roñosos prestamistas, hipócritas plañideras,
de carantoñas fingidas, de políticas campañas,
de relamidos señuelos, de victorias amañadas,
de presumidos gazmoños.

Nunca empañó mi existencia la señorial seducción,
el pretencioso gañán, el puño amenazador.

El día en que yo la diñe, en la Viña del Señor
dormiré el eterno sueño, ¡adiós!

Señoras y señores,
BIENVENIDOS a este Blog
tan señero y español.


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