24 oct. 2010

Romanza

Dedicado a mi padre y a mi hija.

Brotan de mí,
cual gotas invisibles,
notas alegres o tristes
cuando tus dedos
golpean o acarician
mi cantarina boca.
Es mi lamento
tu callado llanto.
Es mi júbilo
explosión de tu gozo,
tu furia, tu rabia, tu reposo.
Soy el canto
de tu alma de poeta.
Tú mi esclavo amigo
y yo el tuyo,
rebelde a veces si me exiges,
sumiso siempre que me mimas,
y te amo más
cuanto más me hieres
o fustigas.
¿Dónde empiezas tú
y dónde acabo yo?
Nadie lo sabe…
Somos uno,
hechos los dos de savia
y carne pura.
Late tu corazón en mis acordes
y es mi armonía razón
y llama de tu vida.
Vibra tu inspiración
en cada suspiro de mis notas
y algo muere y nace de mí
cada vez que me tocas.
Tantas horas a solas,
contigo y conmigo,
nos han hecho odiarnos
y querernos tanto,
tanto,
buscando esa perfección
que nunca llega,
el complaciente aplauso,
la crítica severa,
el halago engañoso,
la verdad placentera.
Hay cordura
en cada acorde que exhalo;
hay delirio
en todos mis silencios;
hay amor
en nuestro entendimiento.
Nuestro idilio
nace y muere al compás
de un tiempo eterno.
Me rindo a tus normas,
a tus caprichos,
a tu inconsciente desidia,
y hacemos versos juntos
en escalados besos.
Ven a mí
cada noche
y que tus manos me abran,
me hagan vivir de nuevo
desvelando secretos
en mística armonía,
en amoroso acorde,
en tiernos arpegios.

Soy tu yo
hecho música y poesía,
soy tu piano.

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